Pymes y locales comerciales

La evolución del sector durante las últimas décadas ha llevado a la modernización de las empresas minoristas y sus prácticas comerciales, que han evolucionado mejorando su gestión; introduciendo planteamientos y políticas de marketing, más orientados a las necesidades del cliente; ampliando la oferta de sus productos y servicios; y adaptando los entornos de venta a las exigencias de representación de los propios productos.

 

Esta evolución ha traído como consecuencia la extensión de los formatos comerciales basados en el autoservicio por parte de los consumidores, lo cual ha permitido la disminución de los precios para el consumidor, el incremento de la oferta por unidad de superficie y la disminución de los costes para el comerciante.

Otra consecuencia de la evolución del sector ha sido el desarrollo de redes logísticas de distribución que permiten la llegada del producto a todas las áreas comerciales, y que buscan la mayor eficiencia, al menor coste posible.

 

En este contexto de elevada competitividad entre las empresas, la energía juega un papel fundamental a la hora de suministrar los servicios y la calidad que un comercio ofrece a sus clientes. Es por ello que los objetivos de control de la demanda y el ahorro de energía se convierten en imperativos que debe asumir el sector del comercio, donde existe todavía un potencial importante para la mejora de la eficiencia energética.

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